Unos de los mayores retos para
sostener la motivación son esos casos en los que un tropiezo nos hace volver al
punto de partida. Es como construir un castillo de naipes y, al estar a punto
de terminarlo, ver cómo se derrumba.
Empezar de nuevo suele tener
algunos inconvenientes, pero a mi modo de ver el principal es ese sabor a
fracaso de no haberlo conseguido en el primer intento. Sin embargo, existe otra
forma de verlo cuando nos tomamos ese error o errores como lo que son:
experiencia.
Un nuevo intento no significa
empezar de cero. La experiencia acumulada hace que estemos varios pasos por
delante.
¿Merece la pena volverlo a
intentar?
Volver a ponerse en forma, dejar de
fumar, modificar la dieta, aprender una nueva habilidad, darle una oportunidad
a una nueva relación, etc. Un nuevo intento supone poner en práctica lo que
hemos aprendido en la experiencia anterior. Conocemos mejor en qué consiste el
proceso y en qué podemos equivocarnos o tropezar.
La respuesta: Si el objetivo es
beneficioso para nosotros, por supuesto que merece la pena concederse una
segunda oportunidad, una tercera o las que hagan falta.
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